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Artículos de interés

2. PRINCIPIO DE PREVENCIÓN DE DEPENDENCIAS

No hagas por los demás lo que son capaces de hacer por sí mismos

No hacer por tu pareja aquello que ella es capaz de hacer sola significa no hacer de mamá o de mapa con él o con ella. No sobreprotegerla, ni mimarla a todas horas, ya que no se trata de una criatura sino de un adulto. Se trata de dejarle que asuma sus responsabilidades de autocuidado y también las tareas compartidas. Significa no dejarla al margen de las decisiones cotidianas difíciles o de las situaciones duras, ni tampoco anticiparse a darle una ayuda que no ha pedido. Supone animarla a resolver los problemas por sí misma y darle la confianza de que lo va a conseguir.

Se tata también de no pensar, hablar o hacer en su lugar. Hay ocasiones en que, incluso, somos capaces de responder por ella sobre algo que le concierne y sin haberle preguntado. Y esto es una falta de respeto a su persona y hacia sus capacidades. También es importante no decirle lo que tiene que hacer. Se trata de vivir con ella, incluso en nuestra diferencia. Nuestro mayor fracaso será conseguir que nuestra pareja se convierta en un claco de nosotros mismos o en una persona incapaz.

Quien intenta salvar y proteger constantemente a su pareja, puede llegar a sentirse víctima de la situación que él mismo ha creado y cansarse de su rol. Pero habrá sido corresponsable de que ésta haya entrado en una vía de comodidad y egoísmo que la ha replegado, en lugar de facilitar su crecimiento. La relación de ambos queda empobrecida.

“Toda ayuda que se da a un niño y que él no necesita, detiene su desarrollo. Dar demasiado puede ser tan malo como no dar.” María Montessori

El principio general en el trato con los hijos debería ser según Andrea Fiorenza el siguiente: Observarlos sin intervenir, tener paciencia, darles tiempo y esperar que ellos solos intenten hallar las soluciones a sus problemas o que nos pidan ayuda si la necesitan.

Si nos anticipamos a sus deseos y ni tan sólo permitimos que los tengan -porque antes de que digan, pidan, o expresen ya les hemos inundado de bienes-, estamos fomentando personalidades pasivas, autocentradas, dependientes y egoístas.

Siempre te ayudaré así

A la hora del patio en un centro de reeducación para jóvenes con poliomielitis, un niño de ocho años había caído al suelo y hacía esfuerzos para levantarse. El niño tenía las piernas atrofiadas por la terrible enfermedad y buscaba la mejor posición para hacer fuerza con sus brazos.

Un educador llegó allí, el niño, al verlo, dejó de esforzarse y alargó la mano diciéndole:

– ¡Levántame!

Pero el educador sonriendo le respondió:

– No, Joaquín, levántate tú.

Joaquín se enfada, lloriquea, da golpes con los puños en el suelo, pero el educador no cede. Ya más calmado, y viendo que no conseguirá la ayuda que pide, el niño vuelve a intentar levantarse. Poco a poca va encontrando un punto de apoyo levantando primero la parte de atrás y apoyándose en los brazos hasta conseguir ponerse de pie. Una gran sonrisa ilumina su rostro y se acerca al educador diciéndole:

– ¡Hala! No me has ayudado, ¿eh? Pero ya ves… me he levantado yo solo.

Después de un momento vuelve a decirle:

-Bueno, quizás sí me has ayudado.

Y su educador le responde:

-Y siempre te ayudaré de esta manera.

La generosidad bien entendida es dar y hacer aquello que el otro necesita, para que no nos necesite. Lo contrario, sólo son muletas.

Permitir a los hijos pagar “los precios”

Si eligen mal y actúan de forma incorrecta, debemos dejar que paguen los precios de sus acciones. Se trata de no ir salvándoles la vida. Dejar que asuman las consecuencias de sus elecciones y que aprendan de sus errores. Que vean que sus actos tienen un impacto en sí mismos y en los demás. Sólo así, de forma progresiva, podrán asumir la consecuencia de su libertad: su responsabilidad.

“Uno debe esperar a tener su propia sed y dejar que ésta le abrase: si no, nunca descubrirá su propia fuente, ¡que nunca puede ser la de otro!”. Nietzsche

En nuestra vida cotidiana suele ser más fácil suplir el trabajo del otro que fomentar su autodependencia y su sentido de la responsabilidad. No estamos hablando de ser egoísta o insensible, sino de tener la generosidad de dejarles crecer. Por todo ello, y aplicado a nuestros familiares:

  • Si pueden hacer algo por sí mismos, no lo asumamos nosotros.
  • Si pueden trabajar, que trabajen. Cada persona puede hacer alguna aportación sea en casa o fuera de ella.
  • Si pueden hablar, que hablen.
  • Sij pueden esforzarse para mejorar, que se esfuercen.

No importa que no lo hagan perfecto o que no sean perfectos. Nosotros tampoco lo somos. Si les dejamos, pueden mejorar; y al dejar de inmiscuirnos y de sobreprotegerles, mejoramos nosotros. Cada uno debe ser el responsable de sus acciones y de sus consecuencias.

Un alumno interno se entera de sus desastrosas notas y manda un mensaje a su madre: “Mamá, muchos suspensos; prepara a papá”. A los dos días, justo antes de la inminente partida del hijo para sus vacaciones, la madre contesta: “Papá preparado; prepárate tú”.

Aunque el hecho de que traslademos a cada uno el control de su propia vida no gustará a quien prefiere la facilidad, en el fondo, es una muestra de respeto hacia sus capacidades.

«De la familia obligada a la familia escogida.» Jaume Soler y M. Mercè Conangla